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Después del efecto que tuvo el primer artículo «Marcas que fracasaron por un mal naming», tenía sentido volver al tema. El naming sigue siendo una de las decisiones más críticas (y a la vez más subestimadas) de cualquier marca: un nombre puede enamorar o espantar, posicionar o confundir, diferenciar o hundir.

En este Volumen 2 reunimos nuevos casos de nombres desafortunados: algunos por cuestiones lingüísticas, otros por connotaciones culturales y otros simplemente por ser imposibles de pronunciar. Todos tienen algo en común: nos enseñan qué no hacer cuando ponemos nombre a una marca, producto o servicio.

1. Mitsubishi Pajero (Latinoamérica) → Mitsubishi Montero

Uno de los ejemplos clásicos de naming internacional. En Japón, “Pajero” no tenía ninguna connotación negativa, pero en mercados hispanohablantes el nombre era, como mínimo, complicado de defender. Las bromas eran inevitables y la percepción de la marca se resentía.

La solución fue renombrar el modelo a Mitsubishi Montero en muchos mercados de habla hispana, para escapar del chiste permanente.

Qué aprendemos

Evita nombres que se conviertan en chistes fáciles. Si el público se centra más en reírse del nombre que en escuchar tu propuesta de valor, has perdido credibilidad desde el primer impacto.

2. Nokia Lumia

Para Nokia, “Lumia” significaba “nieve” en finés: una palabra breve, agradable y visual. El problema llegó en mercados hispanohablantes, especialmente en España, donde se recuperó el significado histórico de “lumia” como “prostituta” en ciertos contextos antiguos.

Aunque el término no estaba extendido en el uso moderno, bastó con que la asociación resurgiera para convertirse en munición fácil para titulares y redes sociales.

Qué aprendemos

Hay que investigar no solo el significado actual, sino también los usos históricos y regionales. Internet rescata cualquier connotación olvidada.

3. K.C. Masterpiece

La marca de salsas estadounidense quiso destacar su origen (Kansas City) usando las siglas “K.C.”. En inglés funcionaba, pero en español la lectura fonética llevaba inevitablemente a “caca masterpiece”, un obstáculo evidente para posicionar la marca en países hispanohablantes.

Qué aprendemos

Revisa la pronunciación en cada idioma donde planees vender. Las siglas pueden sonar perfectas en un idioma y desastrosas en otro.

4. Osama (leche en polvo)

En Pakistán existía una marca llamada Osama Milk Powder sin mayor problema… hasta los atentados del 11-S. El nombre quedó irremediablemente asociado a terrorismo y violencia, lo que hizo inviable mantenerlo, especialmente en exportaciones.

Qué aprendemos

El contexto puede transformar por completo la percepción de un nombre. Una marca debe adaptarse rápido cuando su naming se vuelve tóxico por causas externas.

5. Starbucks Mazagran

En los 90, Starbucks lanzó una bebida llamada “Mazagran”, inspirada en una localidad argelina. El nombre era tan complicado de pronunciar y recordar que el producto fue un fracaso inmediato.

Curiosamente, este tropiezo sirvió para que la marca desarrollara posteriormente el concepto del Frappuccino, que sí se convirtió en un éxito mundial.

Qué aprendemos

Si un nombre necesita explicarse, no funciona. Un naming desconectado del producto es una barrera más para la compra.

6. Vicks en Alemania

La marca Vicks tuvo que renombrarse a Wick en Alemania porque allí la “v” suena como “f”. De ese modo, “Vicks” sonaría igual que “ficks”, un verbo vulgar relacionado con el sexo.

Qué aprendemos

La fonética cambia entre idiomas. Un sonido inocente en un país puede ser ofensivo en otro.

7. Puffs en Alemania

Los pañuelos faciales “Puffs” funcionaban muy bien en Estados Unidos. Pero en Alemania, “Puff” significa prostíbulo. La marca tuvo que replantearse su naming en ese mercado.

Qué aprendemos

A veces los nombres tiernos o simpáticos esconden connotaciones radicalmente distintas en otros idiomas.

8. Irish Mist en Alemania

El licor “Irish Mist” tuvo problemas en Alemania por su traducción: “Mist” significa estiércol. No ayuda mucho cuando vendes un producto premium.

Qué aprendemos

Si la palabra principal del naming tiene una connotación totalmente negativa en un idioma, raramente podrá salvarse con marketing.

Un error recurrente: elegir un buen nombre… pero no asegurar el dominio

Muchos errores de naming se agravan por un problema digital básico: elegir un nombre sin comprobar si el dominio está disponible. O peor aún: dejar que terceros registren variantes clave.

Un buen nombre + mal dominio = problema futuro

Si el dominio principal está cogido o fragmentado entre distintas manos, el nombre pierde fuerza de inmediato. No se trata solo de tener elnombre.com, sino también de considerar:

  • El dominio .es para reforzar la presencia y el SEO local en España.
  • Otras extensiones estratégicas para evitar que terceros las registren.
  • La coherencia entre dominio, redes sociales y naming.
  • El riesgo de ciberocupación (alguien registrando tu dominio para revenderlo).
  • Dominios similares que puedan confundir al usuario y llevarlo a otra web.

Si alguien registra antes tumarca.com o tumarca.es, tu naming pierde valor de inmediato y puedes terminar obligado a negociar, renunciar o renombrar.

Qué pueden aprender las empresas de Valladolid y Castilla y León

Igual que vimos en el primer volumen, el naming no es solo creatividad. Es estrategia, investigación lingüística y visión digital.

En una región donde abundan los nombres basados en iniciales, juegos internos o combinaciones aleatorias, estos casos recuerdan tres ideas esenciales:

  • El naming es estrategia, no intuición.
  • Un mal nombre puede convertir tu marca en un chiste.
  • El dominio es parte del nombre. No es un trámite técnico: es identidad digital.

Da igual si eres una pyme, una marca personal o un proyecto cultural: si el nombre no funciona, el resto de tu branding tendrá que remar el doble.

Si este Volumen 2 te ha resultado útil o curioso, te recomendamos volver al origen y leer también el primer artículo de la serie: «Marcas que fracasaron por un mal naming (Vol. 1)».

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