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Elegir un buen nombre parece algo sencillo… hasta que te pones a ello. El naming es esa parte silenciosa del branding que no se ve, pero que condiciona absolutamente todo: cómo te recuerdan, cómo te buscan, cómo te pronuncian y si confían en ti desde el primer día.

A lo largo de la historia, empresas de todos los tamaños —algunas con productos excelentes— han tropezado justo en ese punto: un nombre desafortunado que las arrastró al ridículo, a la polémica o directamente al fracaso. Aquí repasamos algunos de los casos más conocidos y, sobre todo, las lecciones que cualquier marca puede aplicar hoy, desde una multinacional hasta un pequeño negocio de Valladolid.

1. Konsum → KKK (Alemania)

La cadena alemana Konsum intentó modernizar su identidad reduciendo su nombre a las iniciales “KKK”. El problema: esas siglas son idénticas a las del Ku Klux Klan. Tras las protestas, el rediseño se retiró en cuestión de días.

Qué aprendemos

Antes de apostar por siglas o abreviaturas, analiza connotaciones culturales, históricas y lingüísticas. El contexto forma parte del naming.

2. Mazda LaPuta

Mazda lanzó en Japón un SUV llamado “LaPuta”. Allí el nombre era neutro, pero en los países de habla hispana se convirtió inmediatamente en un problema. Las bromas eran constantes y el modelo desapareció pronto de esos mercados.

Qué aprendemos

Un nombre internacional debe pasar por un filtro de idiomas. Lo que funciona en un país puede ser un desastre en el siguiente.

3. IKEA FARTFULL

IKEA suele mantener los nombres suecos en su catálogo, pero no siempre salen bien. “FARTFULL”, un escritorio cuyo nombre significa “lleno de velocidad”, generó risas y burlas en países angloparlantes por su parecido con “fart” (pedo).

Qué aprendemos

Antes de lanzar un producto global, testea el nombre con hablantes nativos. Una simple consulta puede evitar una crisis reputacional.

4. Reebok Incubus

Reebok lanzó unas zapatillas llamadas “Incubus” sin tener en cuenta la carga simbólica del término. En la tradición cristiana y medieval, un íncubo es un demonio asociado a agresiones sexuales. La reacción pública fue tan negativa que el producto tuvo que retirarse.

Qué aprendemos

No basta con que un nombre suene potente. Es imprescindible investigar su origen y significado simbólico.

5. Ford Pinto (Brasil)

El Ford Pinto funcionó razonablemente bien en Estados Unidos, pero su llegada a Brasil fue un desastre. Allí “pinto” es un término coloquial para referirse al pene.

Qué aprendemos

El naming debe evitar significados ridículos o vergonzosos en otros países. Un pequeño detalle lingüístico puede tumbar un producto entero.

6. Cuum (España)

Una startup española de automatización se lanzó al mercado como “Cuum”. En cuestión de horas el nombre se viralizó por su parecido con “cum”, término sexual muy extendido en inglés, especialmente en contextos pornográficos. El rebranding fue inevitable y tuvo que hacerse con urgencia.

Qué aprendemos

Las redes sociales amplifican cualquier doble sentido. Un naming con connotaciones sexuales se convierte en meme en minutos.

7. ISIS Chocolate

La marca belga de chocolates ISIS llevaba décadas en el mercado sin problemas… hasta que el grupo terrorista ISIS saltó a la primera línea mediática. A partir de ese momento, el nombre se volvió un lastre: las ventas cayeron y la compañía tuvo que renombrarse como “Libeert”.

Qué aprendemos

Incluso un buen nombre puede volverse tóxico por motivos externos. Hay que estar preparados para reaccionar rápido cuando el contexto cambia.

Más allá del nombre: la importancia de proteger tu dominio

Un error muy común es pensar que el trabajo termina cuando elegimos el nombre. Hoy, una marca no existe del todo hasta que tiene un dominio sólido, disponible y protegido.

Ignorar esta parte ha provocado más de un quebradero de cabeza. El caso más conocido es el de Nissan: durante años la marca no pudo utilizar nissan.com porque el dominio estaba en manos de un particular llamado Uzi Nissan. A pesar de décadas de litigios, la compañía nunca logró recuperarlo del todo.

Por qué es tan importante

  • Porque un nombre sin dominio disponible pierde valor de inmediato.
  • Porque terceros pueden registrar variantes y utilizarlas en su propio beneficio.
  • Porque afecta al SEO local: un .es ayuda a posicionar mejor en España.
  • Porque un dominio raro o rebuscado genera menos confianza que un .com o .es.
  • Porque un ciberocupante puede pedir cantidades absurdas por un dominio que costaba muy poco.

Buenas prácticas mínimas

  • Registrar el dominio al mismo tiempo que defines el naming.
  • Asegurar variantes clave: .com, .es y las extensiones más relevantes para tu sector.
  • Comprobar también la disponibilidad en redes sociales.
  • Evitar que terceros registren dominios muy similares que puedan confundir al usuario.

En resumen: un naming brillante sin su dominio asegurado es, en realidad, una marca a medio construir.

Qué pueden aprender las empresas de Valladolid y Castilla y León

Estos ejemplos no son solo curiosidades: son advertencias. En nuestra tierra abundan las marcas formadas por iniciales, combinaciones aleatorias o referencias internas que fuera del círculo cercano no entiende nadie.

De todos estos casos podemos extraer tres mensajes claros:

  • Un buen nombre abre puertas sin necesidad de explicaciones.
  • Un mal nombre te obliga a invertir mucho más para compensarlo.
  • Un dominio bien elegido y protegido evita problemas futuros y refuerza tu identidad digital.

Da igual si eres una gran marca, una pyme o un proyecto cultural en Valladolid o en cualquier punto de Castilla y León: si tu nombre no funciona, el resto del branding tendrá que remar el doble.

Si te ha interesado este análisis, puedes continuar leyendo el segundo artículo de la serie, con nuevos casos y aprendizajes: «Marcas que fracasaron por un mal naming (Vol. 2)» .

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